“La primera regla de la persuasión es que la verdad no importa. Solo importa lo que la gente cree.”

— El precio de la verdad

Me llamo David (o Deivid, según quién lo diga).

 

Y esto que tienes delante no es la web de un coach iluminado. Es la web de un tipo que se obsesionó con entender qué coño hay que hacer para que un negocio deje de ser una tómbola y empiece a funcionar.

 

Porque a igualdad de producto, precio y estrategia… Gana el que sabe cómo piensa su cliente, el que sabe qué decir primero, qué decir después y qué callarse para que el cliente sienta que comprar fue idea suya.

 

Esta web no es para que te inspires. Es para que dejes de improvisar y vendas.

Yo

En las ventas pasa lo de siempre: puedes tener el funnel más bonito del barrio, el anuncio más creativo y el lanzamiento con más fuegos artificiales… pero si no tienes una estructura clara, te comes los mocos.

Yo no debería estar aquí, pero lo estoy. Debería estar en una oficina, con el culo pegado a una silla, mirando un Excel que no me importa y cogiendo llamadas de gente sin alma.

 

Dicen que en esta parte hay que hablar del problema que solucionas y conectar. Pues bueno.

 

Entonces debería decirte que conmigo venderás más. Que entenderás qué decir, cómo decirlo y cuándo decirlo para activar el cerebro de tu cliente como si fueras neurocirujano… Eso sí, sin sonar a que te quiero vender nada. Porque vender está feo, ¿no? Vender es agresivo, molesta, abruma, espanta. Vender es cosa de malos.

 

Así que mejor hago que tú seas el protagonista. El héroe, el elegido, tú y tu problema.

 

Y ahora, según el manual, debería contarte mi historia personal. Que superé algo, que vi la luz, que un día toqué fondo y me convertí en el Tony Stark de las ventas. Y claro… ahí es cuando te identificas conmigo, me amas, me das tus datos y todos felices.

 

Pero la verdad es otra, soy un tío que se cansó de tragarse lunes, llamadas a deshoras y jefes que confunden presión con liderazgo.

 

Que montó un negocio sin saber nada. Que falló una vez, luego otra, luego otra más. Que se comió estafas, cursos que no valían ni el hosting y gurús con más ego que respuestas.

 

Pero también aprendí, me formé, me leí lo que nadie quiere leer. Aprendí mucho de marketing, sí. Pero mi cabeza era el Corte Inglés un día de rebajas.

 

Hasta que un día paré. Con todo lo que había aprendido sobre neurociencia, persuasión e inteligencia artificial, decidí hacerme un guion, uno para mí. 

 

Creé un sistema, uno que me ayudó a ordenar mi cabeza, a saber qué decir y cuándo, a usar la IA para que trabajara por mí y así convertir un “me lo pienso” en un “¿dónde firmo?”.

 

No soy muchimillonario, pero tengo un negocio que funciona, que no depende de rezos ni de tener un “buen día”, y que te puede ayudar a vender con cabeza y estructura.

 

Si yo, con cero contactos y la cabeza hecha un nudo, conseguí montar un sistema que vende incluso cuando no estoy inspirado… ¿Cómo no vas a poder tú?

COLORÍN, COLORADO...

Otra cosa que dice el manual es que, para terminar, hay que meter una llamada a la acción. Ya sabes… que se suscriban, que te compren, que te inviten a un café, lo que sea. Pero que hagan algo, que no vivo de la caridad.

 

Si quieres, puedes conseguir las cosas. Pero no con frases bonitas de Pinterest, ni técnicas de Instagramer.

 

Se consigue con huevos, con ovarios, con ganas, con tropiezos, con insomnio, con sollozos. Y te lo digo que yo estuve ahí, que ni siquiera sabía lo que era un webinar.

 

Si quieres dejar de improvisar y ver cómo funciona el sistema, puedes echarle un vistazo. La verdad es que no pierdes nada, o sí, vete tú a saber.

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